
La receta que hoy comparto es un delicioso suflé de queso, el nombre francés soufflé significa literalmente inflado, un suflé salado consiste en una base de bechamel espesa o un puré ligado con yemas de huevo, al que se añaden claras de huevo a punto de nieve.
Dicen los clásicos que un suflé nunca debe esperar, hay que llevarlo directamente del horno a la mesa para consumirlo al momento, la razón es que el suflé se hunde en cuanto empieza a enfriarse.
Ingredientes:
- 150 gr. de queso rallado tipo emmental, gruyere o manchego
- 5 Huevos
- 2 cucharadas de mantequilla
- 50 gr. de harina
- 500 ml de leche
- Sal
- Pimienta
- Nuez moscada molida
Elaboración:
Untar de mantequilla blanda los moldes para ir al horno y reservar.
Poner una cucharada de mantequilla en una cazuela, añadir la harina y mezclar bien a fuego medio hasta que se forme una pasta homogénea y espesa que burbujee un poco. Incorporar la leche y remover sin parar hasta que obtengamos una salsa espesa y sin grumos. Salpimentar y añadir pizca de nuez moscada.
Cocer a fuego muy lento durante 2 minutos más. La bechamel tiene que ser bastante compacta para evitar que el suflé caiga, una vez mezcladas las claras montadas.
Mientras se enfría la bechamel, batir las claras de huevo a punto de nieve.
Mezclar las yemas con el queso rallado y añadir a la bechamel e incorporar las claras montadas. Integrar con movimientos envolventes con una lengua para no se bajen las claras.
Verter la mezcla en los moldes, pensar que el suflé va a crecer, así que no llenar hasta el borde, y hornear durante 25-30 minutos en una rejilla de posición baja en el horno precalentado a 190 grados.
El suflé no puede esperar. Tenemos que comerlo recién sacado del horno y se puede acompañar de una buena ensalada.
SONRÍE, después buscamos el motivo.
